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La magia de la pro-actividad: claves para no perderla

By 2 diciembre, 2016 No Comments

¿Cuántas veces has oído este término: Proactivo? Yo creo que me es imposible llevar la cuenta. Me han contratado procesos de selección en los que la proactividad era una característica imprescindible. He puesto en marcha procesos de formación para acelerar el espíritu proactivo de los equipos. Me he inscrito a ofertas en las que se buscaban profesionales proactivos. He participado en equipos de trabajo en los que se criticaba a los compañeros por la falta de esta competencia. Por supuesto que en casi todas las entrevistas que he hecho para cubrir diferentes puestos mis candidatos eran proactivos (desde programadores, administrativos, comerciales, managers, empleadas del hogar…) es más, seguro que si te pregunto ¿eres proactivo? la respuesta va a salirte casi inmediata y sin pensar con un rotundo ¡¡SI!!

Pero esto de la proactividad, además de ser una etiqueta que ya vemos que mola, que es trending topic y que a todos nos gusta tener realmente… ¿Qué es? ¿Para qué nos vale?

He estado buscando su definición en la Real Academia Española y resulta que no está este término. Seguí buscando y Google me ha encontrado esta definición: “La proactividad es un concepto de psicología del trabajo y de las organizaciones definido como la actitud en la que el sujeto u organización asume el pleno control de su conducta de modo activo, lo que implica la toma de iniciativa en el desarrollo de acciones creativas y audaces para generar mejoras, haciendo prevalecer la libertad de elección sobre las circunstancias del contexto. La proactividad no significa tomar la iniciativa, sino asumir la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan; decidir en cada momento lo que queremos hacer y cómo lo vamos a hacer” (Fuente: wikipedia)

La verdad es que me ha convencido esta definición, sobre todo por incluir la parte de la responsabilidad, la libertad de elección y, sobre todo, la capacidad de hacer que las cosas sucedan. No obstante, me ha hecho reflexionar sobre si la mayoría de las veces que alguien me ha pedido gente proactiva en sus organizaciones es realmente lo que buscaban e incluso, si es realmente lo que querían. ¿Realmente queremos personas que cambien las cosas? ¿Cuánto estamos dispuestos a dejar hacer?

Entendiendo ahora la diferencia entre proactivo e impulsivo y/ o voluntarioso, no vale quedarse sentado en la silla de jefe, compañero, manager, diciendo: “mi equipo no es proactivo”, sino que hemos de ayudar a las personas, poniendo al menos los la señal de meta, para que conozcan hacia dónde tienen que ir y nos planteen sus propias estrategias para llegar. Sí, sí, digo sus propias estrategias, porque si queremos alguien proactivo, primero le tendremos que dejar claro cuál es ese objetivo y después le tenemos que dejar elegir su camino.

¿Cómo conseguimos que la magia de la proactividad no desaparezca? ¿Qué podemos hacer para mantener esta proactividad en nuestros equipos sin dejar espacio para la desidia ni la procrastinación? Aquí os dejo algunas claves que yo he identificado:

  • Esteriliza el ambiente: Como Steven Coves nos explica en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” la proactividad es algo que nace de dentro hacia fuera. Es algo que se contagia en el ambiente, algo que trabajamos a diario con nuestro lenguaje y si como equipo, empresa, responsable… no soy ejemplo de proactividad será muy difícil que ésta se mantenga en mi entorno. No voy a conseguir lo que no doy.

 

  • El antídoto contra la desidia: Otro de los riesgos que he identificado es que nuestro gran mirlo blanco proactivo, pase el tiempo en la organización y se transforma en cuervo por el efecto del aburrimiento, la predictibilidad del día a día o incluso el dominio del puesto. Aquí las preguntas que cabe hacernos son: ¿Qué he hecho para que esto suceda? ¿Cuándo ha sido la última vez que hablamos? ¿Qué se necesita para volver al punto de inicio? De nuevo la comunicación es clave, entender qué necesita para poder reengancharle al proyecto.

 

  • Pócima de la retención: Me he encontrado personas con un gran talento, con grandes capacidades y con muchas ganas de ser proactivos (vamos, el mirlo blanco que todos queremos en nuestro equipo… ¿o no?) El problema es que estaban en empresas donde esta capacidad se valoraba sólo de pensamiento dado que luego llegaba el día a día y el cambio costaba: “aquí siempre se ha hecho así”, “eso ya lo hemos probado”, “tú no eres quién ha de proponer esto”… por lo tanto, el talentoso, (una vez superada la fase de enamoramiento con la empresa, la de voy a hacer que me escuchen, la de voy a demostrar…) se frustraba y se iba. Por lo tanto, esta pócima lleva muchos ingredientes vinculados con la autonomía, la confianza y sobre todo, con una buena gestión del cambio.

Estos son sólo algunas ideas que a mi me han funcionado. ¿Qué más claves tienes para fomentar la proactividad? ¿Qué riesgos has encontrado y cómo los has mitigado?

¡Gracias!

Julia

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